Balcón de Infantes

 

Balcón al campo

         

 

Noviembre

Noviembre, este mes nos avisa de ir preparándonos para entender que cada vez tenemos más cerca el camino a la eternidad; para los octogenarios es diferente que a los jóvenes, pero, demos gracias haber llegado hasta aquí y poder iniciar todas las cosas igualmente, con el mismo entusiasmo y preparando la zambomba con su caña zambombera, la vejiga del gorrino y montada en un “alcabuz” de las norias.

Ahora hay que sembrar, podar y una serie de trabajos más el barbecho. Remover las cascas en tinajas, donde se sigue elaborando el vino con madre. Poner y reponer leñosos para su cultivo, todo en desazón y a ser posible sobre mojado. Ya se pueden quemar rastrojos y restos de poda, como vestugas y enseres de deshecho agrícola. La aceituna ya se coge en este segundo semestre, en especial, la variedad Arbequina. Noviembre es el mes típico de recogida de frutos secos (avellanas, bellotas, castañas, piñones…). Arrancado de tubérculos y raíces (patata, remolacha…). Regresan los abrigados cuarteles de invierno, ahora en tunes y camiones y no andando, como en épocas de la Mesta. Aprovechando las primeras heladas se intensifican las matanzas caseras

“Por San Martino, mata tu cochino”.

Puede ser.

Un hortelano vivía en un pueblo pequeño del norte, sus paisanos lo consideraban afortunado, porque tenía un caballo que utilizaba para todo su trapicheo, arar, sembrar y transportar la cosecha; un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al anochecer los vecinos y amigos fueron a consolarle por aquella fatal pérdida. Todos la decían: “¡qué mala suerte has tenido!”. La respuesta del hortelano fue un sencillo: “puede ser”.

Pocos días después, el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en la maleza montañosa. Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: “puede ser”.

Al día siguiente, el hijo del hortelano trató de dominar a una de las yeguas, pero ésta lo arrojó al suelo con tan mala suerte, que se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron la mala pata de las cosas y la del propio hijo; pero el padre respondió otra vez, como siempre: “puede ser”.

Quince días después aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para requerir a los jóvenes al ejército. El hijo del hortelano fue rechazado por tener rota la pierna. Al atardecer, los vecinos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la plaza y comentaron la buena estrella del hortelano. Pero éste, como podemos imaginar, contestónuevamente: “puede ser”.

<<La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados>>. ¡Puede ser!

Al final de la contienda, apareció en algunos periódicos un anuncio que informaba al lector de que los rojos no usaban sobrero. Acaso puede ser verdad lo que aseguraba aquel fabricante de derechas. Pero, ¿Qué utilizaban los rojos para cubrirse la chinostra? gorras, viseras, bonetes… Cada profesión, nacionalidad u oficio tienen el suyo: el guardia civil el tricornio, el torero la montera, el picaor el castoreño, el obispo la tiara, el vasco la txpela, el inglés el hongo, el soldado el casco, el aventurero el salacot, la criada la cofia y la señora misteriosa, elegante y etérea, la pamela. Un servidor es hombre de sombrero, pero no de sombrero gastronómico, el mío, que fue un modelo tardío, es para librarme de los puñeteros rayos del Sol, que pueden ser jodidos, letales.

Antonio López Marco

 

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