Balcón de Infantes

COLABORACIONES

               

 

      COPLILLAS      

El Reloj

Mi primer reloj tenía

la esfera de carne humana,

me lo pinté en la muñeca

y me duró una semana.

 

Luego tuve uno de plástico

a modo de brazalete,

que aunque no daba las horas

era un bonito juguete.

 

Hasta que mi padre un día

con dinerillos ahorrados,

tuvo el gusto de comprarme

uno bueno de Granados.

 

Qué contento estaba yo

con mi reloj tan bonito,

me arremangaba el jersey

para enseñarlo un poquito.

 

Un despertador tenían

mis padres en su mesilla,

con un tic tac muy potente

y una buena campanilla.

 

Mi padre le daba cuerda

hasta que no podía más,

y lo adelantaba un poco

porque siempre iba detrás.

 

Teníamos uno de péndolas

en la pared del salón,

que parábamos de noche

porque sonaba un montón.

A mí siempre me gustó

el reloj tradicional,

pero para ir a la moda

compré uno digital.

 

Sin agujas y sin cuerda

era un reloj diferente,

que con su luz y su alarma

molaba mucho a la gente.

 

Me hice de uno de bolsillo

cuando tuve la ocasión,

pero al no tener chaleco

ahí lo tengo en un cajón.

 

Un Cartier de oro tengo

con una hermosa cadena,

que presumo porque es

una imitación muy buena.

 

A los relojes hoy día

ya nadie les hace caso,

pues los teléfonos móviles

les están haciendo el sorpasso.

 

Ni teléfono ni móvil

necesita mi persona,

mi cuerpo es un como un reloj

que a la perfección funciona.

 

Lo de comer y dormir,

me lo pide mi organismo,

y siempre a la misma hora

se me ocurre hacer lo mismo.

                   

Juan Santos Santos

jsantosbis@gmail.com

 

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