Balcón de Infantes

COLABORACIONES

               

 

      COPLILLAS    

La Hucha

 

Mis padres para educarme

en contra del despilfarro,

me compraron una hucha

que era un cerdito de barro.

 

¿Qué dinero voy a ahorrar

les dije arrugando el ceño,

si yo ni gano, ni robo,

ni soy niño pedigüeño?

 

No seas malgastador

como todos los chavales,

de la paga del domingo

gasta sólo dos reales.

 

Empecé a llenar mi hucha

a fuerza de sacrificio,

patacón que yo pillaba

iba recto al orificio.

 

A veces me daba envidia

de todos mis amiguetes,

cuando yo compraba pipas

y ellos pipas y alcahuetes.

 

Pero no podía caer

en la mala tentación,

si quería llenar la hucha

para comprarme un balón.

 

Con frecuencia la movía

a modo de sonajero,

calculando por el peso

la cantidad de dinero.

Viendo que no se llenaba

con el paso de los días,

cada vez metía menos

para comprar chucherías.

 

Luego me picardeé

y aprendí de maravilla,

a sacarle los dineros

ayudado de una horquilla.

 

Cuando la feria llegó

pensando en el dinerillo,

sin poderlo resistir

le casqué con el martillo.

 

Poca leche tenía dentro

aquella hucha de arcilla,

no había duros, ni pesetas,

era todo calderilla.

 

Ahorrar es un buen consejo

que dan nuestros papás,

pero cuando no te llega

las huchas están de más.

 

Hay una hucha famosa

llamada de las pensiones,

que no necesita horquilla

para sacarle millones.

 

A favor de las pensiones

pongámonos en la lucha,

y aunque sea de presupuestos

hay que engordar esa hucha.

 

Juan Santos Santos

jsantosbis@gmail.com

 

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