Balcón de Infantes

COLABORACIONES

    

Algo más que palabras  

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

corcoba@telefonica.net    

Veinticinco años Activando El Culto a La Cultura

 

Me alegra estos veinticinco años de luz a través de la palabra, ofreciendo confianza y vida, dando cuenta de los aconteceres, injertando ilusión, poniéndonos a reflexionar, hasta el punto de que se ha hecho imprescindible este mirador de sueños para relatar al mundo los acontecimientos de la historia contemporánea de Villanueva de los Infantes. Expreso, haciéndome eco de lo que me dicta el alma, un agradecimiento especial a todos aquellos que hacen posible este horizonte interpretativo de libertad, esta hermenéutica de justicia, para enfocar la realidad más próxima que nos circunda, con la apertura que esto supone de cobijar a otros soñadores, como es mi caso, amantes de esta tierra de amplias rutas místicas, en las que se propician los mejores pensamientos, las mejores ideas, pues de diversos modos y en diversos tiempos, estas gentes manchegas, han demostrado que saben expresar este deseo íntimo. Sólo hay que dejarse acompañar por sus muchos literatos, por la música, por la pintura, por la escultura, la arquitectura y cualquier otro fruto de su inteligencia creadora y creativa. Es increíble ese afán de búsqueda permanente, de saber estar y ser, que generación tras generación se universaliza.

Fruto de este valor, de no encerarse en sí mismo y de abrirse a todo aquello que nos une y trasciende, hace del Campo de Montiel un lugar único y verdaderamente placentero. Los infanteños saben bien que las culturas se alientan de la comunicación de valores, y su vitalidad y subsistencia procede de su capacidad de permanecer siempre abiertos a la acogida de lo nuevo. Ciertamente, figuras como Santo Tomás de Villanueva, artistas como Francisco Cano, o los grandes iconos de las humanidades y las letras como Bartolomé Jiménez Patón, Quevedo, Cervantes y Lope de Vega, hicieron de esta tierra un referente tan eterno como tierno. Su espíritu es imborrable, y muestra de ello, es que las nuevas generaciones prosiguen activando esa dimensión sapiencial de recreación para llegar al conocimiento de lo auténtico. De ello, da continua muestra Balcón de Infantes, como fedataria de este tiempo que nos ha tocado vivir. Junto a ese gran mérito de dejar constancia de la realidad cultural y social de esta comarca verdaderamente fructífera; nuestra revista ayuda, y mucho, a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos ese sentido de unidad tan característico de estas gentes luchadoras, lo que ha de impulsarnos a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos. 

En efecto, el camino de los veinticinco años de esta publicación ha sido fructífero, pero lo importante es proseguir, máxime en un momento donde tanto prolifera la desorientación y la incertidumbre. Comunicar lo que en realidad nos acontece, aparte de ayudarnos a conocernos mejor entre nosotros, también nos insta a repensar sobre tantos muros que nos dividen. Balcón de Infantes, en este sentido, hoy por hoy es una necesidad (lo subrayo), ya que propicia la cultura del encuentro, del diálogo y del debate. La variedad de las opiniones, el recuerdo a lo que fuimos y a lo que queremos ser, conviene compartirlo y expresarlo, desde la independencia que caracteriza a este medio escrito, de buen hacer, y de mejor decir y obrar.

Estoy convencido, que las letras impresas nos sosiegan más, que el papel nos vuelve más reflexivos, algo imprescindible para esta época, sobre todo para aprender a mirar el mundo con ojos menos mundanos. En consecuencia, es necesario saber entrar en el espíritu de nuestros conciudadanos para entender sus expectativas, sus dudas, sus anhelos, y poder ofrecerles, cuando menos algo de aliento para retomar el pulso del ánimo, frente a ese volcán de decepciones que, a veces, nos desborda en desconsuelo. Sin duda, este desafío requiere profundidad, atención a los caminantes y sus entornos, sensibilidad humana. Algo que se respira por sí mismo en este rotativo. No olvidemos que conversar siempre es saludable, significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir. De ahí, lo necesario que es acoger puntos de vista diferentes, propuestas distintas. Al fin y al cabo, dialogar, plasmando en lenguaje escrito lo que uno piensa, no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.

Permítame el lector, refrendar la reiteración de gratitudes hacia todo el equipo actual. Me consta que tienen ganada la simpatía de todos, primero por acogernos a pesar de la heterogeneidad de léxicos; y, después, por ese firme compromiso personal de esclarecer la verdad, que es la raíz misma de la fiabilidad de todo comunicador. Sólo me resta, por tanto, hacer una petición y felicitarnos todos, al menos por tener un palco donde poder imprimir voz. El ruego, es una súplica en la que nadie queda al margen: ¡Qué los próximos años continúe la hazaña como hasta ahora, sin desfallecer, con imaginación y energías siempre renovadas! ¡Aplaudámonos e interpelémonos!

 

Tras Lo Evidente y Lo Místico

 

Hoy he salido a beber del aire

y me hallé con las puertas

del alma haciendo historia,

conjugando latidos y silencios,

uniendo lo invisible y visible.

ensamblando lo que soy,

con lo que he de ser mañana,

una semilla dispuesta a dar vida,

que la vida es un nacer cada día,

y también un morir cada noche.

 

Después me incliné a reprenderme,

pues deseo ser morada de Dios,

luz en las noches del camino,

horizonte de bondad por siempre,

la virtud que regenera mis pasos,

con la inocencia del niño que soy,

y la ingenuidad de unos labios

que suplican las manos del Señor,

tan níveas como acogedoras,

y tan creadoras como creativas.

Es ahora, en la hora requerida,

en la que necesito rescatarme,

de tantos andares endiosados,

de tantas corrientes malignas.

de tantos uniformes uniformados,

de tantos dichos que se desdicen,

de tantas miserias míseras,

de tantos timbres que nos atrofian,

de tantos pesares que nos enlutan,

de tantas torturas entroncadas.

 

El mundo antes de enmudecerse,

ha de cristalizar armónicamente,

liberarse del cuerpo sin alma,

para encarnarse en el verbo

más eterno, más hondo y profundo,

pues si el valor rige el universo,

el espíritu nos pone en movimiento,

por amor y para amar,

antes de que la barca se hunda,

para siempre y por siempre.

 

Balcón de Infantes

Mantenimiento: José Ant. Sánchez

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