Balcón de Infantes

COLABORACIONES

         

 

 

Microrrelatos (6)

 

Por Jorge Torrijos Fernández

 

95. El boquirrubio en Villanueva de las Musas

En el cajón secreto de su mesa de trabajo en la iglesia de santo Domingo, el otrora llamado “boquirrubio” por Cervantes, guardaba un ejemplar del Quijote que le había regalado su amigo Bartolomé Jiménez Patón.. Y el ocho de septiembre de 1645, el libro se volatilizó.

 

96. El ciego

El ciego del cartel de cordel simulaba leer el Quijote, cuando en realidad lo recitaba de memoria.

 

97. Las manos

Cervantes, que un día pudo perder la mano derecha, en otro día - esta vez día glorioso-,  acabó perdiendo la izquierda.

 

98. El rescate

Gracias, en parte,  al dinero de las cortesanas honestas, Cervantes pudo ser liberado de su cautiverio.

 

99. La luz solar

La luz del sol tiembla cada día al depositarse sobre la tumba de don Quijote.

 

100. El Cuaderno

El cuaderno de “Gastos secretos” nos desvela algunas historias de la vida oculta de Cervantes Saavedra.

 

101. Frío en el corazón

Don Quijote - en su desbordante imaginación- sintió el frío aprisionándole  su corazón, cuando vio que en aquél rincón entrañable de su añorada infancia, ya no estaba la fuente en que bebió agua con  la bella niña  Dulcinea.

 

102. La rotonda

Don Quijote y Sancho Panza llegaron a una rotonda de olivos, y allí estuvieron dando vueltas y vueltas,  hasta que Rocinante y el rucio decidieron salirse por la tangente.

 

103. Quijotes

Hay quijote positivos.

También puede haber quijotes negativos.

Escribe en tu cuaderno nombres de quijotes y sancho panzas.

 

104. Mujeres del Quijote

Marcelas, Luscindas, Zoraidas, Quiterias, Doroteas. Altisidoras, Dulcineas,....vienen y van por las vidas de todos aquellos que se adentran en las aventuras de don Quijote, … y le acompañan.

 

105. En una calle

En el silencio iluminado con antorchas de una calle infanteña se oyen unos pasos. Resuena una aldaba en una vieja puerta de madera. Y don Quijote sale al mundo acompañado del hijo de Tomé Carrasco, el bachiller Sansón – solo  media  legua- , y de  su escudero Sancho. Al anochecer de otro día  ya estaban en el Toboso.

 

106. Los azotes

El socarrón Sancho Panza azotaba a las hayas- o quizá alcornoques-, y no a sus posaderas desnudas ni a su espalda.

Los árboles gemían como si les arrancaran la corteza , partes de su tronco y la savia.

 Dulcinea,  en la cueva de Montesinos, continuó encantada.

Y a las hayas- o a los  alcornoques- les escocieron, les amargaron y les enfadaron los azotes de Sancho.

 

107.  El ADN

Como si un Indiana Jones cualquiera fuera, el espía buscó el ADN de Cervantes entre los pelos con bulbo que entre las hojas del original del Quijote se encontraban.

 

108. Anagnórisis

Una voz grabada en cinta mágnetofónica pronunció esta palabra aristotélica: anagnórisis. Y Persiles y Sigismunda nos desvelaron el secreto de Periandro y Auristela.  Y no fueron los únicos personajes cervantinos en hacerlo. Que se lo pregunten a Alonso Quijano.

 

109. Las estancias

Feliciana cantó las doce estancias que en el Persiles escribió Cervantes; pero hubo quién” hurtó” a Garcilaso en el Quijote alguna de las suyas, por aquello de “que cada uno escriba como quisiere, y hurte de quien quisiere, venga o no venga a pelo de su intento”.

 

110. El pintor

El que Cervantes escribiera que Alejandro Magno “mandó que ningún pintor fuese osado en retratarle sino Apeles”, no quiere decir que eso sea cierto. A pesar de ello, a Apeles se le cita en uno de nuestros clásicos mayos como pintor  de las perfecciones físicas de la mujer.

 

111. La quinta del tabique

Si la quinta del tabique hubiese tapiado la puerta de la casa de don Quijote, el hidalgo no habría podido salir a esos mundos de Dios   para correr sus aventuras. Y hoy no habría dudas sobre cuál es el lugar de la Mancha,  y don Quijote sería solo nuestro. Aunque pensándolo bien, mejor que sí saliera. Ahora es de todos.

 

112. Lectura en voz alta y clara

Los dos infanteños llevaron a los visitantes extranjeros a un corralón situado a las afueras del pueblo, y allí, en la cocina, entre el crepitar de la lumbre en la chimenea y los silbidos del viento que se filtraba a través de las rendijas de la puerta y  las ventanas, iluminados por una vela, un candil y una bombilla desnuda ,  subidos en los alto de una vetusta mesa de madera de pino, les leyeron, en voz alta y clara un capítulo del Quijote.

                                                                     

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