Balcón de Infantes

 

COLABORACIONES

       

Pasanteando en América    

 

Al cole

 

Me asombra la rigurosa organización que hay aquí en Texas en torno a los colegios. O siendo más específica, la planificación y el ejército de voluntarios que cada mañana rodean y dirigen la llegada a los centros escolares, y unas horas después, la partida.

Para empezar, todos los colegios tienen zonas circundantes de velocidad restringida a las horas de entrada y salida, con señales específicas y semáforos que sólo funcionan en esas horas. Además, los voluntarios, vistiendo siempre con chalecos reflectantes, se pueden ver en todos los cruces alrededor de los colegios, dentro de esas áreas escolares protegidas que se extienden más o menos hasta un kilómetro a la redonda.

Normalmente estos voluntarios, que son desde madres de escolares a jubilados “trabajando” por la comunidad, enarbolan señales de “Stop”, y se encargan de parar el tráfico cuando los niños van a cruzar la calle. Pero también hay otros voluntarios, en este caso alumnos mayores del propio colegio, y algunos profesores que cada mañana ocupan su lugar en la acera de acceso al colegio para regular la fila de coches y ayudar abriendo las puertas de los que viven más lejos y, por tanto, no pueden llegar caminando. Un último grupo de profesores y personal del colegio, recibe por otra puerta a los que llegan en el autobús escolar, un servicio totalmente gratuito para los que viven a más de una milla del centro.

O sea, que cada mañana, al colegio llegan niños andando o en bicicleta, en autobús y en coche, y para cada uno hay un acceso y un personal asignado. En el colegio de mi hijo son unos 800 alumnos, y todo este proceso y se lleva a cabo en aproximadamente 15 minutos. A las 8 en punto se cierra la puerta y los niños tienen que estar en su clase antes de las 8:05, cualquier minuto a partir de ahí, aparecerá como que llegó tarde en el expediente.

Como curiosidad, y ejemplo a seguir, pienso muchas veces yo, la fila de los coches de los padres es de lo más cívico que he visto, pues aunque sólo hay un carril y un lado por el que se puede “descargar” a los niños, la entrada a ese carril se produce por dos lugares distintos, y los padres respetan escrupulosamente el turno (uno de un lado, uno de otro). En la foto, como ejemplo, podéis ver la fila del colegio de mi hijo en una mañana que amenazaba lluvia. Y si aparece un autobús escolar, por cierto, de los amarillos que hemos visto siempre en las películas, lo normal es cederle el paso.

Para nosotros ya es una rutina ponernos en la fila de los coches (andando tardaríamos más de media hora) y esperar nuestro turno, pero como decía al principio, me sigue asombrando la organización y la participación desinteresada de gente que, en teoría, no tiene nada que ver con el colegio.

Del funcionamiento interno, la organización de las clases y la programación o contenidos, mejor hablo otro día. Pero lo puedo resumir ya en: disciplina, muchas reglas, y el nivel que correspondería en España (más o menos). Pero eso, que ya es otra historia…

 

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