Balcón de Infantes

COLABORACIONES

         

 

Apunte Gráfico

Por Mariano Lorenzo

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Todo era Perfecto (2)

Cuando volvían a la casa, andando nuevamente a pesar de la lluvia, sucedió de nuevo.

- Es un móvil. Igual que ayer.-

A ella ya no le hizo gracia. ¿Por qué sonaba un móvil en medio del  campo? Empezó a imaginarse cosas: “quizá es de alguien, de alguien a quien han asesinado y está ahí, al otro lado de la maleza”. Pero enseguida se lo quitó de la cabeza. “¡Qué tontería!”. Lo que no pudo quitarse de la cabeza fue el sonido insistente de esa llamada, que la persiguió hasta que estuvieron lo suficientemente cerca de la casa como para que el río y las vacas ganasen la batalla.

- Es siempre lo mismo, ¿te das cuenta? – Dijo él.

- ¿Lo mismo? – Ella no quería entender lo que le decía.

- Sí, el sonido. Las vacas. Parece siempre igual, como si…-

- …Como si fuera una grabación.- Terminó ella. Un escalofrío le recorrió la espalda. Pero él se echó a reír y la abrazó.

- ¡Qué tontería! Como lo del móvil. Es que no estamos

acostumbrados a los ruidos del campo y todo se nos hace raro.  Somos tan de ciudad…

Pero a ella ya no le parecía mal ser tan de ciudad. Ni a él tampoco, aunque no se atreviesen a decirlo en voz alta. El paisaje estaba bien, tan verdecito, el aire fresco y puro, todo muy bonito. Pero el barro se les pegaba a las botas y no era fácil andar por ese suelo tan desigual. Y

la lluvia estaba empezando a ser un verdadero incordio. En el fondo se alegraron de llegar a la habitación. Un lugar seguro, sin arbolitos, ni animales, ni ruidos extraños. Allí pasaron la tarde, pegados al Ipad y al  portátil, en la seguridad de esos dispositivos que tan poco tenían que ver con bosques o con montañas, pero que tan bien funcionaban con la  conexión Wifi del hotel.

A través de las ventanas, levemente entornadas, seguía colándose el rumor del río, les llegaban los cencerros de las vacas, se impregnaban de la autenticidad de la naturaleza sin pervertir que tan extraña era para ellos.

Cuando volvieron a pasar por la carretera para llegar al pueblo ya iban preparados. Estaban seguros de que el teléfono iba a seguir sonando. Pero, ¿cómo podía aguantarle la batería? Y así fue. Al llegar a su altura, se miraron. Él, haciendo gala de una valentía que no sentía, se adentró entre la vegetación buscando el origen del sonido. Vio el móvil, un aparato antiguo, entre dos arbustos, cerca de un charco. Antes de que pudiera cogerlo dejó de sonar. ¿Qué hacer? ¿Y si tocaba el aparato y  eso tenía alguna repercusión? Quizá era, como ella había pensado el día anterior, el teléfono de alguien que había sufrido una agresión Mientras lo miraba, el aparato volvió a sonar. Dudó. Pero al final se decidió a cogerlo y descolgar. Se lo puso en el oído y no dijo nada. Sólo esperó. Al otro lado alguien también esperó en silencio durante unos minutos y luego colgó. Se miraron asustados.

- ¿Qué hacemos? –

- No sé. A lo mejor no es para tanto. Alguien habrá perdido el móvil, ¿no? ¿Y si lo dejamos aquí? – Sugirió ella.

- Tampoco me parece. Quizá lo mejor sea volver al hotel y dejarlo allí.  Alguien puede buscarlo. Y es el sitio más cercano.-

A ella no le pareció mala idea. Cuando llegaron a la recepción del hotel no encontraron a nadie. Una sensación extraña les invadió. Había algo, algo raro. Pero, ¿qué era?

- No se oye.- Dijo de pronto ella.

- No. Ya no. Ha dejado de sonar.-

- No me refiero al móvil.- Insistió ella.- Es lo otro. El resto. Las vacas, el río. No se oyen. –

- Se habrá acabado la grabación.-

 Dijo él con una sonrisa triste.

- No hagas bromas. No me gusta.- Y antes de que pudiese seguir hablando, el móvil empezó a sonar.

Él lo sacó del bolsillo de atrás de su pantalón y miró la pantalla. Como se imaginaba, figuraba “número oculto”. Lo cogió. Esta vez se decidió a hablar, aunque notó la sequedad de su boca antes de pronunciar la primera palabra.

- ¿Quién es?

– Al otro lado un suspiro, un silencio breve y….

- Se acabó.

- Él no entendía nada. ¿Le hablaba a é?, ¿a qué se refería?

- ¿Qué es lo que se ha acabado? – Se atrevió a preguntar.

- El juego, el juego se ha acabado.-

- Pero, ¿qué juego? – Preguntó ella, sin percatarse de lo extraño que era que pudiese oír la conversación completa sin que el altavoz del teléfono estuviese conectado.

Un sonido al otro lado y el silencio.

- Ha colgado.- Constató él. Se miraron. El miedo entre ellos,

rodeándoles, uniéndoles.

- No hay ni un ruido.- Comentó ella. Y era cierto. El hotel era

pequeño, pero habría alojadas unas diez parejas en él. No había nadie en recepción. Y no se oía nada. Ni el rumor del río, ni los cencerros de las vacas, ni las voces amortiguadas de los cuartos, nada...

(Continuará)

Pepa Serrano

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Pasanteando en América  

por Lola Romero   

Balcón al mundo

Cumplí diez años aquel verano del 92. Con los Juegos Olímpicos todavía en los telediarios, y los preparativos entre manos para el viaje que haríamos en octubre a la Expo, recuerdo hojear aquel primer Balcón de Infantes con curiosidad. Por aquel entonces ya empezaba a a despuntar mi interés por los medios de comunicación, y la llegada del primer número de la segunda época, con todo lo rimbombante que sonaba ese “título” para mí, me hizo descubrir la importancia de la información local contada desde dentro, en primera persona. Y es que el enfoque cercano, con las noticias más importantes de nuestro pueblo, el espacio para las fotografías para el recuerdo, nuestras recetas y las tribunas de nuestros paisanos, y hasta las pequeñas “riñas” literarias que hemos visto en alguna ocasión, han sido para mí la receta de su éxito.

Desde aquel verano del 92, he escuchado mil veces a mi padre preguntar si no había llegado el Balcón; a mis tías llamar por teléfono para preguntar por tal o cual noticia que habían visto en sus páginas desde Madrid; y yo recibí con mucha ilusión el número de Septiembre de 2011 en mi casa, el primero como suscriptora de pleno derecho.

Cuando me marché a Houston, sustituí las páginas de papel por las digitales, y no pasaron muchos meses hasta que me decidí a contar mis “aventuras” americanas bajo la protección de la “Vieja el Visillo”. ¡Quién me iba a decir a mí en el 92 que veinticinco años después sería colaboradora habitual del Balcón, o como me han dicho alguna vez, la corresponsal en América!

De estos años me quedo con la capacidad de adaptación de nuestro periódico, el salto al mundo digital que nos ha permitido a los infanteños por el mundo tener a mano esta ventana al pueblo, a nuestras fiestas y nuestros paisanos. Y, a la vez, el uso de las nuevas tecnologías, funciona también en el sentido inverso: este balcón se abre al mundo, recibe colaboraciones de diversos lugares de España, y del extranjero, y de temas tan diversos como los apuntes históricos, nuestro querido Don Quijote o la vida (y milagros) de los productos manchegos allende los mares.

Por la parte que me toca, ¡gracias a los que hacéis posible el Balcón!¡Por otros veinticinco años llenos de Infantes!

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Rincón Literario 

Ángela Madrid cuenta con una nueva publicación

Dando continuidad a su amplia relación de publicaciones, Ángela Madrid Medina  ha editado recientemente, a través de la Confederación Española del Centro de Estudios Locales (CSIF) "El día y sus horas en la vida de un caballero del siglo XV", que completa desde otra perspectiva el publicado en 2014 sobre "Don Enrique de Aragón y de Sicilia. Un infante cuestionado, un maestre imprescindible", y del que nos hicimos eco en Balcón de Infantes, (nº 260, abril 2014).

Como reseña en su contraportada, el caballero de  la segunda mitad del siglo XV no es un personaje concreto, aunque para contextualizarlo y describir su escenario se hayan utilizado datos sobre Jorge Manrique. Lo que se pretende es un acercamiento a la vida cotidiana en un corto espacio de tiempo, haciendo constar cómo el infante Don Enrique fue "el más importante legislador de la Orden ".

El libro recoge la mentalidad de caballero... con un código de conducta y el conocimiento de armas y caballos dentro de la alta cualificación de un cuerpo de élite. Sus costumbres. Las obligaciones incluidas la inherentes al gobierno, gestión, y administración de la encomienda, incluso como agricultor, dado que su principal fuente de ingresos es su trabajo...En los momentos de ocio la práctica de deportes (el ajedrez y la caza) y el cultivo de sus aficiones. Ya en pleno Humanismo ejerciendo un mecenazgo, leyendo y hasta una biblioteca que, si bien no era de las mayores, sí contaba con unos fondos bien seleccionados".

Hablando de "La Fortaleza" en el capítulo II se cita: "El comendador y sus acompañantes en ese viaje de regreso habían hecho un alto para repostar y proporcionar descanso a los caballos en Villanueva de los Infantes, entonces también llamada Villanueva del Infante...

Para todos aquéllos que estén interesados en el libro, el mismo puede conseguirse en la librería de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Balcón de Infantes

Mantenimiento: José Ant. Sánchez

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